Las personas somos por naturaleza seres emocionales y no nos podemos desvincular de ellas. Las emociones aparecen como reacción a un suceso (interno o externo), y dependiendo de cómo lo interpretemos, tendrá un efecto positivo o negativo sobre la conducta.
Actualmente hay más de 400 emociones clasificadas, pero la conciencia emocional que tenemos es muy reducida.
Las emociones las reconocemos como “buenas” y “malas” por la forma como las interpretamos, pero en realidad todas son apropiadas y tienen su función. Las emociones nos ayudan a adaptarnos mejor a nuestro entorno y al contexto que estamos viviendo.

Las emociones las podemos clasificar en Emociones primarias y Emociones secundarias:

Emociones primarias:
Son esas emociones que son innatas y van apareciendo durante el primer año de vida. Conforme vayamos creciendo y experimentando, éstas se irán desarrollando y haciendo más complejas.
Estas emociones son tristeza, alegría, ira y miedo. (Dependiendo del autor la clasificación de las emociones primarias puede variar a tristeza, miedo, felicidad, ira, asco y sorpresa).

Emociones secundarias o adaptativas:
Son esas emociones que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestra vida, también las podemos llamar emociones sociales y éstas estarán influenciadas por nuestro entorno. Su aparición es en torno a los dos años y medio y es necesaria una madurez neuronal para que se desarrollen.

Es importante ser conscientes que no podemos controlar muchas de las situaciones externas que vivimos, pero sí que podemos controlar cómo nos impactan (emoción) y como reaccionamos (conducta).

Así que la inteligencia emocional no ayudará a poner nombre a la emoción, entender qué es lo que nos está pasando, decidir qué queremos hacer con ello y actuar siendo consecuentes con los resultados obtenidos.

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