Se ha demostrado que químicamente las emociones no duran más de 90 minutos, en el celebro tenemos una estructura compleja llamada amígdala, ésta tiene forma de almendra situada en el sistema límbico del cerebro y es responsable de reaccionar ante estímulos externos o internos.

Cuando estamos delante de una situación, la amígdala junto a otros componentes del sistema del Núcleo Central se encargan de liberar diferentes elementos químicos al torrente sanguíneo, éstos activan respuestas fisiológicas (sudoración, palpitaciones, aumento de temperatura,…) y activación o bloqueo de respuestas conductuales (atacar, paralizarnos,…). Esa sustancia segregada por la amígdala tarda unos 90 segundos en ser metabolizada o reabsorbida por el cuerpo, luego desaparece junto a sus efectos.

Y os preguntaréis, ¿Y qué pasa con los berrinches que cogen mi hijo/a que duran más de una hora? La razón es porque se queda “anclado/a” en esa idea y la amígdala vuelve a segregar la sustancia químicos que le volverá conectar con su emoción.

Lo ideal es poder gestionar la situación con amor y respeto por lo que está sintiendo, con acompañamiento emocional respetuoso, más adelante os explicaremos un poco más sobre cómo trabajarlo.

Ahora quiero que os quedéis con la idea que la emoción tiene “caducidad”, que está es nuestra responsabilidad poder gestionar esa situación o quedarnos anclados a la idea que no nos deja avanzar.

La gestión emocional se trata de esto, de identificar qué estoy sintiendo, entendernos a nosotros mismos y a los demás, decidir qué queremos hacer con ello y actuar siendo consecuentes de los posibles resultados obtenidos.

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