Johan Bowlby psiquiatra  británico, estudió durante muchos años a los niños que vivían en el orfanato, y una de sus observaciones fue que los niños realizaban movimientos rítmicos para no morirse,  ya que estaban faltos de movimiento al ser acunados, de vinculación y de cariño.

Sabemos por sus estudios que el apego aparece desde el primer momento en que nacemos y continúa con diferentes intensidades a largo de nuestras vidas. Este apego son los vínculos emocionales que creamos para tener relaciones seguras, que a la vez nos darán confianza para tener más autonomía.

Actualmente hay definido 4 tipos de apegos:

  • Apego seguro: La figura de apego trata al niño/a con sensibilidad, disponibilidad y respondiendo a sus necesidades.
  • Apego evitativo: La figura de apego trata al niño/a sin interaccionar, presencia de rechazo e insensible.
  • Apego ambivalente: La figura de apego trata al niño/a con inconsistencia emocional, presencia irregular y respuestas variables.
  • Apego desorganizado: La figura de apego trata al niño/a con respuestas contradictorias (proximidad y evitando), con doble vínculo y expresiones incompletas.

Como podemos ver, el estilo de apego influenciará en el desarrollo del niño y su seguridad cuando sea adulto, ya que los padres que no hayan podido proporcionar una base segura, surgirán niños sin protección, ni autonomía.

Se ha comprobado que  el 72% de los casos, el tipo de apego se transfiere de forma inconsciente de padres a hijos, así que es buen momento para parar y ser conscientes desde dónde estamos acompañando para poder vincularnos con nuestros hijos/as con apego seguro. A continuación os detallamos como poder cultivar el apego seguro:

  1. Dar amor incondicional: Es importante que el niño/a se sienta querido tal y cómo es, sin juzgarlo ni etiquetado. Debemos ser conscientes que durante su crecimiento tendrán conductas inapropiadas que corresponden a su desarrollo, pero en ese momento es importante corregir desde la conducta inapropiada, y no vincularla con el “ser” del niño/a: “eres un pegón”, “eres un desastre”,…
  2. Dar sentido de pertinencia: Todo niño/a necesita sentirse que tiene su espacio en su núcleo familiar, le dará seguridad y autonomía. Si creen que no son útiles para el grupo porque se han formado creencias equivocadas sobre su pertenencia grupal, lo buscarán llevando a cabo conductas que creen que les van a resultar útiles para lograrlo.
  3. Dar un espacio seguro para sentir en libertad: Para que los niños/as puedan desarrollarse de forma emocional, es necesario dejar un espacio para que puedan expresar sus emociones sin juzgarlas ni condicionarlas. Cómo padres/educadores no nos han enseñado a transitar por las emociones, y como protección hacia ellos y hacia nosotros mismos las tapamos con frases como: “no pasa nada”, “esto no es nada”,… Debemos ser conscientes que sus emociones son lícitas y tiene mucho valor.
  4. Comunicar en positivo y reconocer: En ocasiones sólo nos fijamos en aquello que hacen mal y nos dirigimos a ellos/as desde el «NO». El ser humano no entiende de “noes”, dile lo que sí hay que hacer, para ellos/as les será más fácil entenderte, por ejemplo: “No subas por aquí que te vas a caer con lo torpe que eres” o “Mejor sube por esta pare del camino que es más segura”, verdad que suenan muy diferentes las dos frases. Es apropiado reconocer todas aquellas conductas que hagan en positivo, aunque te parezcan las más básicas del mundo, le darás un plus de autoestima y de capacitación al hacer cosas.

En conclusión, vuestros niños/as os necesitan de forma incondicional, así que dar lo mejor de vosotros para que se puedan convertir en lo mejor de ellos/as.